Desde temprana hora, trabajadores del campo iniciaron las labores del último corte de flor de cempasúchil en el Cañón Rosarito, a pocos días de la celebración del tradicional Día de Muertos.
El aroma y el característico color naranja de esta flor comienzan a destacar entre los cultivos, donde productores se prepararon desde junio y julio para contar con suficiente producto durante una de las temporadas de mayor demanda.
En el Rancho El Carrizo, la primera cosecha se realizó semanas atrás para abastecer a florerías, comerciantes y particulares que comienzan a ofrecer la flor en distintos puntos de la ciudad. Sin embargo, durante esta semana se lleva a cabo el último corte, una oportunidad para que las familias acudan directamente a los sembradíos y encuentren precios accesibles.
Nanci Esquivel, encargada del plantío, explicó que este año se sembró una cantidad ligeramente mayor, con variedades de flor amarilla y blanca, aunque ambas ya se agotaron debido a la demanda registrada.

“Se sembraron poquito más porque se plantó amarilla y blanca, nos preparamos en junio, julio más o menos y es un proceso anticipado, sí hemos tenido mucha demanda; hasta ahorita lo que es la flor amarilla y blanca ya se acabó, pueden venir directamente de 9 de la mañana a 6 de la tarde todos los días”, comentó.
Respecto a los precios, indicó que se mantienen en niveles similares a los de años anteriores, con un costo de 15 pesos por flor en venta de mayoreo y 20 pesos al menudeo.
Los campos lucen verdes, con algunos tonos naranjas que anticipan la temporada. Las condiciones climáticas han favorecido el desarrollo de los cultivos, ya que no se han registrado lluvias excesivas ni temperaturas extremas que pudieran afectar la producción.
Esquivel señaló que gran parte de la siembra ya está comprometida gracias a la confianza de proveedores locales y compradores particulares que regresan cada año. Además de adquirir flores, algunos visitantes aprovechan el paisaje del rancho para tomarse fotografías entre los sembradíos.
La flor de cempasúchil es uno de los elementos tradicionales del Día de Muertos y se utiliza para adornar altares y panteones durante los primeros días de noviembre, como parte de una celebración dedicada a recordar a quienes ya fallecieron.
